Una frase bastante conocida y
utilizada para las mujeres. Sí, tal vez de difícil entendimiento para los
hombres, pues no son palabras nada sensatas para un caballero del común y
heterosexual.
Como es normal, me senté a pensar
en la frase y en sus utilizaciones, me di cuenta que es multiusos, sirve de
justificación a cualquier desengaño amoroso, escudo a las envidias, frase de
lucha, descripción de la personalidad, sube el autoestima y sinceramente,
podría dar más ejemplos, por que los hay pero con esos expongo mi punto.
Yo, como buena mujer que ha
pasado por excelentes, malos y peores momentos, la he aplicado y a mí me
funciona, por que me recuerda que el valor que tengo en la sociedad donde tengo
que convivir, me lo doy yo, que nadie me dice cómo debo ser, o cómo soy, que
antes de que un error me sea evidenciado, yo lo reconozco primero, que no todo
lo que pasa de malo es mi culpa, por que las culpas se las dejamos a la Iglesia. Todas cometemos errores, algunos muy graves y otros de casi ninguna
importancia pero ninguna debe supeditarse a la opinión pública para empezar a
reconocerse, jamás dejar en manos ajenas, la labor de interpretarnos y
definirnos.
La definición de la frase, es
personal. Ser sencillo para nosotras no es halago, pues nuestra naturaleza es
ser complejas y ahí es donde está la belleza, pues la mezcla de tantas
texturas, colores y sentimientos son los que generan un color único para cada
una. Ninguna mujer que trasciende se caracteriza por ser una más, y ninguna
mujer podría pasar por el mundo sin dejar huella.
Si está en el proceso de “autodescubrimiento”,
mejor que ignore a lo que no le aporta, llene su vida de buenas personas, así
sean pocas y de buenas cosas así no lo parezcan… Es necesario darle el espacio
a los antagonistas pero solo para resaltar que antes muerta que sencilla.
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